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Así manipula El País los datos de la prima de riesgo catalana.

19 Jul

Primero de todo resaltar que es de vergüenza ajena que un periódico critique que la deuda de Catalunya esté en el 35,2% de su PIB cuando la de España está en el 100%…

Pero lo más ridículo es que de ese 35,2%, un 23,6% del PIB se lo debe a España y el 11,6% restante a los mercados…
Realmente la deuda de Catalunya es ese 11,6% ya que, la que contrae con el estado español es producto del expolio de los 16.000 millones al año. Pero no solo eso, el dinero que el estado español ha prestado a Catalunya, una cuarta parte viene de los impuestos de los catalanes…
Una vez descontado ese 25% de contribución catalana a las arcas del estado queda una cantidad que Catalunya deberá asumir siempre y cuando haya reparto de bienes tras la independencia… Cantidad que restaremos a las reservas de oro del Banco de España que son también del pueblo catalán…

Por lo tanto, repito, Catalunya nacerá con una deuda de las más bajas del planeta Tierra (11,6% sobre el PIB) y la ‘España sin Catalunya’ nacerá con una deuda de las más altas del mundo (120% del PIB)

Aclarado esto, miren esta tabla que publica hoy El País:

+46,7 ¿qué?
¿Puntos?
¿Tanto por ciento?
¿Habichuelas?

El País pone como excusa que la deuda a 7 años de Catalunya ha crecido por culpa del procés (¡cómo no!).

La verdad, una región que no recauda impuestos y que se ve sometida a un expolio del 8% del PIB, todavía encuentro que tiene la prima de riesgo baja… Es normal que nadie nos fíe nada si no recaudamos…
Imaginen ustedes que un chico trabajador va a comprarse un móvil y le dice al dependiente: -“perdona pero ya pasará mi padre a pagarlo porque él se queda con mi sueldo”…
Y el empleado, que sabe que su padre es un borracho, jugador y putero, le dice: -“oye, que pase tu padre a comprarlo”…

Es lo mismo que las agencias de rating, vienen a Cataluaya y nos dicen: -“os roban 16.000 millones al año y no podéis tener Hacienda propia, así que, vuestro bono es basura…
-“Gracias por la información” responde la Generalitat.
A lo que las agencias responden: -“gracias no, son 300.000 euros” (sí, cobran por evaluarte).

En todo caso, la Generalitat (para entonces República de Catalunya) se financia con otros productos que no caducan dentro de 7 años, como deuda a tres meses que paga al 0,2% o a 2 años al 1%…
Ooooooooooohhh que cantidad más brutal…, hace 10 años los países del mundo hubieran pedido un trillón de dólares a ese precio…
Lo que pasa es que España saca pecho porque se financia gracias a que el euro imprime billetes al 0,04%…
Solo eso es una aprueba que Catalunya deberá crear una moneda propia que cohabite con el euro…


Otra cosa que no explica El País es la deuda que a España le vencerá dentro de 5 años cuando su prima estaba sobre los 600 puntos…
¿600 puntos he dicho?
Sí, creo recordar que lo máximo que llegó España es a los 650 puntos, con la rentabilidad del bono a diez años por encima del 7%, Dentro de 5 años, si España no ha quebrado, habrá gente que ganará un pasta buena y España, aunque los tipos estén bajos (que ya veremos entonces), deberá pedir prestado mucho más dinero para poder sufragar esos vencimientos…
Todo hay que decirlo, España todavía no ha empezado a pagar los vencimientos chungos…

En todo caso, imaginen lo mal que estaba España que, aun teniendo Hacienda, su prima de riesgo estuvo un 70% más elevada que la catalana actual que no recauda impuestos…

En fin…

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Explicación clara y definitiva sobre el REPARTO DE BIENES Y DEUDA entre Catalunya y España.

10 May

Ante de empezar lo más importante, España es un país que ha ratificado la Convención de Viena.

Dicho eso, la parte que regula el reparto de bienes y deudas del Estado, no ha entrado en vigor ni se prevé que lo pueda hacer al menos a medio plazo, entre otros motivos porque establece un régimen muy favorable para los Estados de reciente independencia, que no cuenta con el apoyo de las antiguas potencias coloniales. De hecho, solo algunos Estados del movimiento de países no alineados y del antiguo bloque del Este lo han firmado y ratificado. España se abstuvo en la votación


Pero que la Convención de Viena de 1983 no esté en vigor, no impide que las partes implicadas en una determinada controversia no puedan acordar voluntariamente su aplicación (total o parcial) para resolver su caso concreto o bien que la tomen como modelo de referencia. Al fin y al cabo, no existe ningún otro instrumento jurídico que regule sucesión de Estados en materia de bienes y deudas. Además, muchas de sus disposiciones recogen normas que provienen de la práctica internacional consuetudinaria y, como costumbre, son fuente de Derecho Internacional, y por tanto de obligado cumplimiento. Hay que tener presente que las disoluciones de las antiguas Unión Soviética, Checoslovaquia y Yugoslavia han contribuido a consolidar, en la práctica, algunas de las normas de esta convención, convirtiéndose así en una buena guía de las tendencias contemporáneas sobre el reparto de bienes y deudas del Estado en casos de sucesión de Estados. Así pues, debemos tener en consideración sus respectivas experiencias a la hora de abordar el caso de Catalunya.

Perdón por esta nota de humor, aunque tan certera.

Recuerden que:
Predecedor = España
Sucesor = Catalunya

Reparto de Muebles e Inmuebles:
Separación de parte o partes del territorio de un Estado.
Artículo 17.1. Cuando una o varias partes del territorio de un Estado se separen de él y formen un Estado sucesor, y a menos que el Estado predecesor y el Estado sucesor hayan convenido otra cosa: 

a) Los bienes de Estado inmuebles del Estado predecesor situados en el territorio al que se refiera la sucesión de Estados pasarán al Estado sucesor (aeropuertos, carreteras, puertos, edificios, capitanía general…); 

b) Los bienes de Estado muebles del Estado predecesor vinculados a la actividad del Estado predecesor en relación con el territorio al que se refiera la sucesión de Estados pasarán al Estado sucesor (o sea, bienes mueble en Catalunya como el material en las oficinas de Hacienda, Correos; los trenes, vehículos…); 

c) Los bienes de Estado muebles del Estado predecesor distintos de los mencionados en el apartado b) pasarán al Estado sucesor en una proporción equitativa (arte, material fuerzas armadas) 


Reparto de Deuda:
Artículo 40.1. Cuando una o varias partes del territorio de un Estado se separen de él y formen un Estado, y a menos que el Estado predecesor y el Estado sucesor hayan convenido en otra cosa, la deuda de Estado del Estado predecesor pasará al Estado sucesor en una proporción equitativa, habida cuenta en particular de los bienes, derechos e intereses que pasen al Estado sucesor en relación con esa deuda de Estado. 

Lo he puesto en rojo porque es muy importante. La proporción equitativa que se elija para repartir la deuda también será la misma a la hora de repartir las reservas del Estado español en metales preciosos, divisas, hucha pensiones (si queda algo), créditos de España a otros países, patrimonio del estado (Paradores), acciones en empresas público y privadas (AENA, SEPI…), fundaciones, embajadas en el exterior, bases científicas en la Antártida…
Todo exactamente en la misma proporción. Por ejemplo, si nos quedamos con el 18% de la deuda, también el 18% de las reservas de oro, o el 18% de la parte estatal en AENA…

Por cierto, el reparto de todo tipo de bienes se hace con paridad a la proporción. Por ejemplo, si 1 de cada 6 embajadas le toca a Catalunya, España no puede ofrecer las peores, habrá un reparto (que empezará por sorteo) en que España elegirá 5 y Catalunya 1, y así sucesivamente. Luego se peritarían por si una de las partes tiene más valor proporcional que la otra.
Cuidado, que Catalunya se quede con embajadas no quiere decir que pueda utilizarlas ya que dependerá de las relaciones bilaterales con esos países. Pero puede venderlas o alquilarlas (a la propia España…).

También se puede dar el caso que España se las quede todas a cambio de dinero (descuento de la deuda)

Como habrán visto el reparto debe ser equitativo, pero no pone si por población, PIB, superficie, nivel de inversiones…
¿Y qué ocurre si España y Catalunya no se ponen de acuerdo?
Sigan leyendo…

Arreglo de controversias 
Consulta y negociación 
Artículo 42. Si se suscita una controversia en relación con la interpretación o la aplicación de la presente Convención entre dos o más Partes en la Convención, éstas tratarán, a petición de cualquiera de ellas, de resolverla mediante un proceso de consulta y negociación

Conciliación 
Artículo 43. Si la controversia no se resuelve en el plazo de seis meses contados desde la fecha en que se haya hecho la petición a que se refiere el artículo 42, cualquiera de las Partes en la controversia podrá someterla al procedimiento de conciliación indicado en el Anexo de la presente Convención presentando al Secretario General de las Naciones Unidas una solicitud a tal efecto e informando de esta solicitud a la otra Parte o a las otras Partes en la controversia.

Arreglo judicial y arbitraje
Artículo 44. Todo Estado podrá declarar, en el momento de la firma, de la ratificación o de su adhesión a la presente Convención, o en cualquier momento posterior, mediante notificación dirigida
al depositario, que, cuando una controversia no se haya resuelto mediante la aplicación de los procedimientos a que se refieren los artículos 42 y 43, esa controversia podrá ser sometida a la decisión de la Corte Internacional de Justicia mediante solicitud escrita de cualquiera de las Partes en la controversia, o alternativamente a arbitraje, siempre que la otra Parte en la controversia haya hecho una declaración análoga.

Reparto de Archivos:
Artículo 30.1. Cuando una o varias partes del territorio de un Estado se separen de él y formen un Estado, y a menos que el Estado predecesor y el Estado sucesor hayan convenido en otra cosa:

 a) La parte de los archivos de Estado del Estado predecesor que, para una administración normal del territorio al que se refiera la sucesión de Estados deba encontrarse en ese territorio, pasará al Estado sucesor (archivos pueden considerarse los datos de Hacienda);

b) La parte de los archivos de Estado del Estado predecesor, distinta de la parte mencionada en el apartado a), que concierna directamente al territorio al que se refiera la sucesión de Estados, pasará al Estado sucesor.

2. El Estado predecesor proporcionará al Estado sucesor la mejor prueba disponible en sus archivos de Estado que guarde relación con títulos territoriales del Estado sucesor o con sus fronteras o que sea necesaria para aclarar el sentido de los documentos de los archivos de Estado del Estado predecesor que pasen al Estado sucesor en aplicación de las otras disposiciones del presente artículo.

3. Los acuerdos que se celebren entre el Estado predecesor y el Estado sucesor en materia de archivos de Estado del Estado predecesor no podrán menoscabar el derecho de los pueblos de esos Estados al desarrollo, a la información sobre su historia y a su patrimonio cultural.


4. Los Estados predecesor y sucesor proporcionarán, a solicitud y a expensas de cualquiera de ellos o a título de intercambio, reproducciones apropiadas de sus archivos de Estado vinculados a los intereses de sus respectivos territorios.


Eso quiere decir que todos los archivo que haya en España sobre la exclusiva historia de Catalunya deberán ser trasladados a territorio catalán (o al revés).

CONCLUSIONES:
Mucho se habla siempre de trasladar la parte proporcional de El Prado, desgraciadamente no será del todo así. Catalunya podrá pedir un parte proporcional de las pinturas de artistas catalanes o sobre la historia de Catalunya. Algo que ocurrirá en todos los museos nacionales de todo tipo.

En el reparto de deuda solo se contabilizará la del estado español, queda fuera de esa cantidad la de las otras autonomías y ayuntamientos.

Hay economistas que dicen que Catalunya solo debería asumir su deuda territorializable, aunque eso daría para otro post ya que el problema es el cálculo: necesitaría años de negociaciones porque habría que mirar cada partida de los presupuestos, su ejecución y su deuda.

Aclarar que el aeropuerto de El Prat sería del pueblo catalán aunque su gestión con AENA (a la que Catalunya formaría parte accionarial) quedaría en el aire ya que el nuevo gobierno catalán podría establecer un concurso de concesión, o NO ya que sus 500 millones de beneficio anual podría servir para otras necesidades.

Recordar que proporcionalidad y equidad no son lo mismo. Por eso el reparto de deuda será equitativo si hay reparto de bienes.

Añado que, por ejemplo, la república Checa y Eslovaquia se repartieron la deuda por la proporción de la población. Y que Rusia se quedó con toda la de la URSS para no tener que repartir nada con las nuevas repúblicas…

Por cierto, la paga de los jubilados no es cuestión de reparto porque se sufraga con las cotizaciones actuales, aunque se podría establecer, con el tiempo, un estudio por el que cada Estado supiera los años que cotizaron cada jubilado dentro y fuera de Catalunya para repartir la pensión tal como hace España con otros países…

¿Qué hará España?

Difícil de saber. Su prensa ha enloquecido y es rabiosamente anticatalana.
Sus medios de comunicación serán muy contrarios a ver como embajadas españolas terminan en manos de Catalunya, o como marchan cuadros del Museo de El Prado, o como el Estado catalán es socio de muchas empresas públicas españolas…

Creo que el gobierno español intentarán darle un valor a esos bienes y descontarlo de la deuda. Pero, cuidado, recuerden lo de la equidad. No es nada equitativo que solo se quiera hablar de dinero, por lo tanto Catalunya podrá imponer un precio muy alto a ese patrimonio que España no querrá compartir, lo que los catalanes dicen doble per senzill…

Hay otra opción que podría ser que Catalunya pagara una cantidad proporcional a su PIB durante décadas (¿eternamente?) aunque eso conllevaría un firma de secesión amistosa. Algo que tampoco creo que la prensa de Madrid permita…

Así que, vayan pensando en una separación a cara de perro en la que no habrá ningún reparto.

Posibles repartos de la deuda española en la independencia de Catalunya.

8 Oct

Es curioso porque a priori hay tantas posibilidades de porcentaje de deuda como hipótesis.

Según la proporción sobre el PIB español, Catalunya nacería con una deuda del 104,3% sobre su PIB
Si fuera por población: 93,5%
En tanto por ciento de los activos materiales entre el 75,7% y el 49,6% (dependiendo del margen).
Contando los inmuebles estatales en Catalunya sería 39,8%
Asumiendo solo la deuda propia quedaría en 36,1%
Si no se quisiera pagar ni el FLA: 16%

Se me olvidaba poner que el peor de los casos es seguir formando parte de España ya que pagaríamos igualmente la española, el FLA y la propia, que es lo mismo que el 106,4% sobre el PIB.

Ya ven mucha diferencia entre unos supuestos y otros…

Por eso he traducido este artículo publicado en L’Econòmic.

Como cuenta el libro de la historia, una vez las voluntades políticas admiten la independencia de un país, queda un capítulo bastante complejo, la negociación de la deuda, en el que el canje de activos y pasivos debe ser una solución en la que nadie se haga daño, ni el estado predecesor ni el que estrena estatus. En una hipotética negociación, España y Catalunya, bajo la atenta observación, y presión, de los organismos internacionales, deberán esforzarse para que en la nueva realidad de estados separados el lastre de la deuda no sea muy pesado y hacer bueno el viejo proverbio húngaro que dice que es rico aquel que no debe nada.

En esta historieta de política-ficción, la casuística de criterios y escenarios es bastante amplia, y los que se sienten a la mesa para negociar y hacer transacciones tienen bastantes posibilidades de estrategia. Partiendo de la situación actual de la Catalunya autonómica, que soporta una deuda del 106,4% del PIB, hay un variado sinfín de escenarios: si no hay acuerdo, la horquilla va del 16% , en el que Catalunya no asume el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), a un 36%, en el que se impone el criterio del peso de la economía catalana en el PIB español. En cambio, con la negociación de activos y pasivos, se puede ir del 49,6 al 75,7% del PIB. Encontraremos bienes de dominio público, como el espacio aéreo, el radioeléctrico, las vías de comunicación, la zona marítimo-terrestre; bienes patrimoniales como las infraestructuras aeroportuarias, ferroviarias, portuarias; bienes inmuebles del Estado concentrados en Madrid y otras comunidades; Patrimonio del Estado y Tesoro Público; Fondo de Reserva de la Seguridad Social; archivos y fondos documentales; bases de datos, etcétera, y sin dejar fuera del ámbito de la negociación, como reclaman los expertos, el déficit fiscal en sí mismo, 230.779 millones de euros según el criterio de flujo monetario en los últimos 25 años.

Albert Pont, presidente del Círculo Catalán de Negocios (CCN), ha hecho una importante investigación en los últimos años sobre cómo debe ser el reparto de la deuda, y ya de entrada avisa de que en la hipotética negociación los representantes del estado naciente “deben defender que Catalunya debe asumir la menor deuda posible, con muy pocas contraprestaciones”: “No se deberían abrir las conversaciones con una actitud buenista”, alerta. Ahora mismo, la Generalitat asume el 19,5% de toda la deuda pública neta del Estado y, además, la mitad de su deuda, que supera los 70.000 millones, está contraída con el Estado. Para Pont, hay interrogarse si hay que pagar esta deuda teniendo presente que “el Estado debe a Catalunya 10.000 millones de euros en concepto de incumplimientos de la disposición adicional III del Estatuto y otros compromisos”. De hecho, el Estado español, aunque negó que se pueda hacer realidad un escenario de reconocimiento de una Catalunya independiente, ya tiene una propuesta de negociación, el llamado Plan Margallo, elaborado por el Ministerio de Asuntos Exteriores español, en el que se le pediría al nuevo estado catalán asumir una mochila del 16% de la deuda española, unos 150.000 millones, “una cifra que ya sería menor a la deuda que actualmente asumimos”. En todo caso, como añade, “este 16% sólo es aceptable si se asume su equivalente en activos”. En esta óptica, Catalunya, “para asumir parte de la deuda española, tiene que ver reconocida su independencia, porque, si no es así, no se puede hacer responsable”. Así pues, tendríamos un silogismo en el que “la transmisión de deuda implica necesariamente la independencia”. Pont tiene fe plena que la negociación esté iluminada por el derecho internacional, la Convención de Viena de 1983 sobre sucesión de estados, que prescribe que todos los activos del Estado deben quedarse en Catalunya.


En la partida en la que se conjugarán complejas estrategias de ajedrecistas, miradas impenetrables de tahúres del póker y oportunas guiños del mus, habrá que marcar bien el terreno, como dice Pont: “Mientras España no transfiera activos, Catalunya no debe asumir la deuda, y será importante poner a la misma altura la posición deudora de España que su posición acreedora que Catalunya asuma la proporción acreedora que le corresponde frente a terceros. “Por poner sólo unos ejemplos, a España el Reino Unido le debe 243.000 millones de euros; Estados Unidos, 108.000 millones; Portugal, 48.000 millones, y Alemania, 88.000 millones.

Hablar de mesa de negociación es ahora mismo un relato de política-ficción, pero lo cierto es que si el Plan Margallo pone un porcentaje, la otra, la Generalitat, también tiene su propuesta para poner en marcha la partida de la deuda. Teniendo el cuenta los acuerdos de Dayton, que definieron el marco de las repúblicas que sucedieron Yugoslavia, “Catalunya trabajaría con la perspectiva de asumir una deuda proporcional al gasto efectiva del Estado en el territorio, la inversión real liquidada, que sería de un 10,6% más una corrección por la vía de las balanzas fiscales, con lo que podríamos llegar a un 13-14% “, reconocen fuentes de la Generalitat. Estaríamos hablando de una deuda de 183.000 millones, casi un 90% sobre el PIB.


En todo caso, como remarcan los economistas David Rubio y Pedro Miret en el estudio “Endeudamiento e independencia”, recientemente publicado en Revista de Catalunya, es una carga más llevadera que la deuda actual que soporta Catalunya, del 106,4%, si sumamos la deuda propio más el 19,5% de la deuda neta del Estado, que corresponde al esfuerzo fiscal de Catalunya. En sintonía con Albert Pont, Ros y Miret nos invitan a poner el foco en los invitados a la mesa negociadora, que pueden arbitrar porque en esta separación de estados, en el reparto de activos y pasivos, acreedores privados y públicos de todo queden más o menos satisfechos. Explica Ros que “la UE, el BCE, el FMI, el Club de París, los acreedores públicos, y el Club de Londres, acreedores privados, los gendarmes internacionales, nos obligarán a negociar para evitar la inestabilidad económica”. Miret añade: “La preocupación de estos acreedores viene más para garantizar como pagaría el Estado español lo que debe una vez Catalunya no forme parte, no por la capacidad que el nuevo estado pueda asumir su parte. Y quizás resulta más fácil cobrar con una Catalunya independiente. “

En su estudio, en el cierre del 2015 la Generalitat tendría una deuda de 72.274 millones, mientras que la deuda del Estado sería de 790.307 millones, una vez se han segregado los activos por el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), de un valor de 150.208 millones. Como explican, “si bien en el ámbito internacional, a la hora de contar el riesgo de la deuda soberana, se calcula la deuda bruta del que debe responder el Estado, considerado globalmente, en el caso de una separación de estados, cada región autónoma debe responder de su propio débito “. En su exploración académica, Ros y Miret sostienen que, terminada la negociación de activos y pasivos, el nuevo estado contraería una deuda sobre el PIB de entre el 50 y el 75%, claramente por debajo de la media europea, que es del 87,2%, y perfectamente soportable en los próximos años, con el supuesto perfectamente verosímil que el PIB catalán crecería a buen ritmo, liberado del déficit fiscal con el Estado español. Con la condición, claro está, que hay el escenario en que nada se negocia, que colocaría el débito de Catalunya en el 36% del PIB, porcentaje que podría descender hasta el 16%, en tanto no se asume la devolución del FLA en España. 

Sin embargo, lo más probable sería la negociación, dado que en la nueva España “necesitaría un período de adaptación, dado que los ingresos se le rebajarían considerablemente”, observa Ros, para quien está claro que habrá que “pagar un precio por la libertad, que se podría concretar en un plan desconexión en cuatro años, en que se mantuviera el primer año con un déficit fiscal de 16.000 millones, para pasar al siguiente a 8.000 millones, el tercero a 4.000 millones y el cuarto a 0. “
Ros y Miret hacen bien evidente en su estudio que, en la repartición de activos y pasivos, el balance del Estado español parte de un gran handicap de entrada: un agujero de 300.000 millones de euros que le sitúan al borde de la quiebra técnica. Una constatación que recogen del estudio de Jordi Angusto, Marcel Coderch y Gemma Pons Reparto de activos y pasivos entre Catalunya y el Estado español. El balance patrimonial del estado como herramienta de cálculo. En este trabajo, se calcula que cada euro de activos carga una mochila de deuda del 46%, un sobrecoste. En su búsqueda, estos expertos hacen una estimación previa de los activos materiales del Estado que podemos localizar en Catalunya, y que estarían por debajo del 15%, constatación bien verosímil, ya que en Catalunya se registran sólo el 2,66% de los edificios del Estado en toda su geografía. 

En este estudio de imputación de la deuda, Angusto, Coderch y Pons establecen una horquilla en la que en el margen inferior Catalunya debería asumir una deuda de 29.000 millones, que dejaría el porcentaje sobre el PIB en un 49,6%, mientras que en el margen superior, con la obligación de hacerse cargo de 85.000 millones, subiría hasta el 77,7%. El estudio da pie a interpretar que, en el momento del tira y afloja sobre activos y pasivos, “si te tienes que quedar con Adif, porque no hay más remedio, quizás deberás renunciar a Renfe”, como dice Jordi Angusto. Como “cada activo lleva añadida una mochila de deuda, los negociadores del nuevo estado deberían pedir sólo lo que es imprescindible”. Considera que en este reparto de los activos, que significa hacerse cargo del agujero patrimonial que los acompaña, “lo máximo que podría aceptar la parte catalana es repartir el agujero por población”. En su razonamiento, “si Catalunya ha de afrontar de inicio un déficit fiscal de 100.000 millones, debemos tener en cuenta que el actual déficit fiscal de 16.000 millones anuales ya no se generaría, con lo que Catalunya estaría en condiciones de enjugar la deuda y de ir a buscar financiación en los mercados sin obstáculos “. 

Defensor del 10/10, es decir, “si los activos del Estado español en el Principado son el 10% del total, como es el caso, el nuevo estado catalán deberá asumir un porcentaje similar de pasivos como contrapartida” , responde a los que puedan considerarse que es poco porque el porcentaje es lejos del peso de Catalunya en el PIB español, que “no ha sido ningún capricho catalán, sino decisión española, y una justificación no menor de la independencia; el segundo, reiteró que una deuda soportada por activos equivalentes no es muy problemática y, como en España permanecerá el 90% de los activos, podrá asumir un porcentaje de deuda igual, independientemente de la ratio deuda / PIB de las partes “. Angusto también advierte a los jugadores de esta partida sobre la deuda: “En la medida que una parte del déficit fiscal« no ha sido pagada »sino incorporada a la deuda pública española, según qué volumen de deuda asumimos al acordar la independencia acabaremos aumentando o disminuyendo , retroactivamente, el déficit fiscal soportado. “


Haciendo un giro de 180 grados en el punto de observación, Ángel de la Fuente, director de Fedea y experto en balanzas fiscales, interpreta: “Dado que se trata de un divorcio, y hay una deuda común, la lógica es que, una vez se haya disuelto la unidad familiar, se reparta en función de la capacidad de pago “, es decir según la contribución catalana al PIB español. Así pues, “si Catalunya se hiciera responsable de la parte alícuota de la deuda española, su techo de deuda debería despegar hasta el 120%. Si el Estado común está considerablemente endeudado, difícilmente una Catalunya independiente lo estaría menos “. Con todo, De la Fuente considera que, en la eventual negociación de la deuda, “es hasta cierto punto raro establecer qué parte de la deuda es tuya y cuál es compartida”.

En el análisis que ha realizado Javier J. Navarro, editor de la publicación digital El Blog Salmón, se vaticina, en caso de que las partes llegaran a un acuerdo, en aplicación del criterio por PIB, que “Catalunya tendría entre el 92 y el 100%, y eso no es un punto de partida favorable para una nación que acaba de independizarse “. Navarro, además, a una deuda que se acerca a los 200.000 millones de euros, añade un 2,7% adicional de la deuda de las entidades locales, que calibra en 5.288 millones. En cuanto a los acreedores, los tenedores de la deuda, expone dos soluciones posibles: por un lado, los acreedores podrían tener deuda de ambos estados resultantes de la secesión, o bien que el gobierno de España permaneciera como acreedor del catalán, que se mantendría en una situación de apalancamiento. A su juicio, para los acreedores internacionales ninguna de estas soluciones despejar las dudas de quien quiere cobrar: “La primera solución no convence porque pasarían a tener deuda de un estado que se acaba de crear y, además, el nuevo estado de España sin Catalunya podría tener problemas para financiarse, por el riesgo que se optara por una solución similar si otras regiones decidieran independizarse. El segundo supuesto tampoco convence para que el deudor dependería de otro para cubrir sus pagos. “

La coyuntura actual, de elevadísimo endeudamiento, “condiciona cualquier solución del contencioso catalán” cuando hablamos de reparto de la deuda, en opinión de Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la UAB. Por sus cálculos, “Catalunya debería absorber 240.000 millones de euros de la deuda pública de España, un 24%, según los cálculos del consejero de Economía, Oriol Junqueras, a los que hay que añadir 60.000 millones de deuda estricto de la Generalidad . Así que una Catalunya independiente comenzaría el camino con un endeudamiento público de cerca del 140% del PIB catalán. Y de este volumen, unos 80.000 millones, un 40%, estarían en manos extranjeras “. Para remachar el clavo, dice: “Esta deuda se debe refinanciar, y la refinanciación depende de la confianza que se nos otorgue. Ya tuvimos una buena muestra de lo que sucede cuando esta se socava: entre junio de 2011 y diciembre de 2012 abandonaron España unos 400.000 millones de euros y, en lugar de refinanciación y entrada de recursos, tuvimos estampida de capitales. “

Con esta perspectiva de un estado que empieza a caminar hiperendeudado, Roger Fatjó, jefe del servicio de estudios del CCN, no se cansa de repetir que hay que segregar de la deuda española a repartir el de la Catalunya autónoma, que es incluido. Interrogado sobre qué criterio puede prevalecer finalmente a la hora de negociar la deuda, observa: “Quizás se acaba imponiendo el poblacional, el que mejor entiende internacionalmente, aunque en algunas partidas convendría añadir un criterio homogeneizador de reequilibrio. El 16% de deuda sobre el PIB debería ser el listón, para negociar hacia abajo, utilizando criterios de racionalidad. “En este sentido, considera que jugar la carta del déficit fiscal histórico de 200.000 millones,” contra los 148.000 millones que adjudica en Catalunya el Plan Margallo “, es la gran jugada estratégica en una partida en la que, se huele, la gran discusión será negociar los bienes no territorializables:” ¿Qué le corresponde a Catalunya del Museo del Prado o de Paradores, por ejemplo. ” Fatjó dice que hay estudios que calculan que se necesitarían 4.000 millones para cubrir los gastos que ahora genera el gobierno estatal, y los que creen que asumir esto haría aumentar la deuda de la Generalitat, responde que “por el hecho de pertenecer a España ya pagamos mucho más “. En una Catalunya independiente, esta suma “sería un gasto hecho en el país con un efecto multiplicador en la economía”. Fatjó prevé que en un hipotético acuerdo final “los acreedores, aunque concedan la razón en Catalunya, la obligarán a cargar una mochila de deuda para evitar dejar España con una deuda espectacular.


Y para terminar, si les queda ganas, lean este artículo de Xavier Sala-i-Martin:
http://salaimartin.com/randomthoughts/item/424-la-falacia-de-la-deuda-heredada.html

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